PASION Y GLORIA

POR EL FUTBOL

 

REFORMA ARDE. BUENAVISTA CELEBRA
El partido que nadie pidió

 

 

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

Crónica

CIUDAD DE MÉXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 02 de junio de 2026.— La ciudad capital está convertida en una gran cancha: cada quien juega su balón. En un lado del campo, los maestros de la CNTE marchan, bloquean calles, derriban las estatuas de los Gigantes del Futbol y queman balones. Claman justicia.

 

En el otro lado, en Buenavista, tambores, batucada y exfutbolistas seleccionados celebran la inauguración del Museo Pasión y Gloria del Futbol, un recinto que presume la historia mundialista y la promesa de un México listo para recibir al turismo. Dos equipos, dos objetivos, dos realidades que chocan en la misma ciudad.


En Reforma, los maestros y normalistas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación reclamaban que el gobierno invierta en estatuas gigantes, adornos y espectáculos para extranjeros mientras las escuelas siguen sin recursos, los salarios no alcanzan y las mesas de diálogo no avanzan.


La tensión subió rápido: derribaron varias figuras de la exposición “Gigantes del Futbol”, quemaron un balón monumental y destrozaron mobiliario urbano.

 

Entre humo, consignas y empujones, insistían en que “no hay nada que celebrar” cuando la educación vive una crisis profunda. Para ellos, embellecer la ciudad para el Mundial es un insulto, un desperdicio, una provocación.


Sin embargo, a unos cuantos kilómetros, la escena era otra.


Jóvenes futbolistas se esmeraban en mostrar sus mejores suertes: dominadas, chilenas improvisadas, pases acrobáticos que arrancaban aplausos de periodistas que grababan las escenas al ritmo vibrante de la batucada, que convertía la explanada de Buenavista en una fiesta.

 


La inauguración del Museo Pasión y Gloria del Futbol reunió a ocho exseleccionados nacionales —entre ellos Enrique Borja—, a representantes de TV Azteca, enviados por el consorcio de Ricardo Salinas, y a la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alejandra Rojo de la Vega, quienes también juegan su propio partido político contra un gobierno que, según ellos, utiliza todo su poder para intentar derribarlos.

 


Fue ahí donde Enrique Borja, sin saber que en Reforma estaban derribando estatuas —quizá incluso alguna con su figura— lanzó un mensaje que, irónicamente, parecía escrito para la ciudad entera: “Para lograr el triunfo, no solo en el futbol sino en todo, todos los involucrados deben ser un gran equipo.

 

Hay que sacar de la cancha el egoísmo, jugar coordinados, como una sola familia, un solo país, todos impulsando hacia el mismo objetivo.”

 


Sus palabras resonaron como un eco involuntario del contraste que afuera se vivía: mientras él hablaba de unidad, en Reforma ardía la división.

 


Al preguntarle a la alcaldesa Alejandra cómo le va con la violencia política en su contra, respondió sin titubeos:

 


—Me han acusado de todo. Como no me encuentran nada real, han intentado meterse en mi vida privada para descalificarme y lograr desaforarme.

 

¿Hay algo oscuro en su vida privada que opaque su actividad política?

 

—No. Por eso estoy tranquila y entregada al trabajo y a los recorridos comunitarios.

 


Y mientras estos dos bandos luchaban por sus objetivos —unos defendiendo la educación, otros celebrando el espectáculo global— la ciudad se movía como un tercer equipo silencioso.


Decenas de trabajadores de los tres niveles de gobierno instalaban lámparas nuevas, pintaban puentes peatonales de lila y del color de Morena, colocaban baños portátiles y dibujaban ajolotes en murales a lo largo de las vialidades que conectan la Ciudad de México con Teotihuacán.

 


En varias unidades de transporte y murales se leía, en letras enormes: “El balón ha vuelto a casa. Ciudad de México, capital del feminismo, del bienestar y capital del futbol.”

 


Los letreros son tan grandes que dominan el paisaje urbano. Pero quizá no pueda verlos Proceso González Columbo, el maestro indígena na savi de Guerrero que perdió el ojo izquierdo tras recibir el impacto de una bala de goma durante el enfrentamiento del lunes. El profesor permanece internado en el Hospital Regional Primero de Octubre del ISSSTE, donde su lesión fue confirmada como irreversible.

 


El murmullo de las voces se escucha en toda la ciudad.

 


Todos reclaman protagonismo, porque para cada uno lo suyo es lo más valioso. Como esas personas que solo quieren llegar a tiempo a la estación Buenavista para tomar el Metro o un transporte que los lleve a su destino, y de pasada ven una carpa blanca con balones de futbol. “Dicen que será gratis”, comentan. Lo anotan mentalmente para un día de descanso.

 


Los maestros gritan lo más fuerte que pueden para hacerse notar y resolver su viejo conflicto. La batucada suena con toda su potencia para inundar de alegría futbolera la capital. Los reporteros buscan que su voz se escuche y que el entrevistado conteste su pregunta. Cada uno pelea su propio balón.

 


Al caer la noche, todo parece volver a la calma.

 


Todos esos ruidos se vuelven eco. Aún no hay un ganador en este inmenso partido. Las estatuas están pintadas, rotas, pero todo debe estar en orden antes del 11 de junio, cuando la ciudad reciba la gran inauguración del Mundial de la FIFA en el Estadio Banorte, antes Azteca, que atraerá a millones de turistas nacionales e internacionales, que traerán a la capital más gritos, especialmente el de goooooool.

 

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